Mi primer recital de flamenco: testimonio de T (2022)
Desde que empecé a aprender en la Academia de Flamenco Benito García,
no participé en ningún recital hasta haber aprendido mi cuarta coreografía.
La verdad es que, por entonces, el primer recital que había visto me había parecido tan maravilloso
que pensaba: «¿Y si alguien como yo saliera a escena y perjudicara el buen nombre de la academia?».
Eso era lo que me pasaba por la cabeza.
Pero un día, una persona de mi clase y el profesor Beni me dieron ese pequeño empujón
y decidí participar por primera vez en un recital.
Ahora que lo pienso, resulta curioso: cuando decides participar,
de algún modo, las circunstancias empiezan a acompañar esa decisión y también cambia tu manera de actuar.
El taller de maquillaje también fue divertido y, para los accesorios, me dejé aconsejar por el profesor Beni.
Eligió cosas completamente distintas de las que se me habrían ocurrido, pero al verlas pensé: «¡Pues sí, esto puede quedar muy bien!».
En aquel momento, también había vestuario de alquiler, así que se podía participar sin comprar un traje nuevo.
Y, sobre todo, suele decirse que «una actuación en escena enseña más que cien sesiones de práctica»,
y, después de participar, sentí que ese dicho reflejaba mi experiencia.
Por supuesto, no se puede salir a escena sin practicar,
pero, hasta entonces, practicaba para seguir el ritmo de la clase y memorizar la coreografía.
Al decidir participar, empecé a practicar pensando en mostrar el baile al público.
Hasta los trayectos al trabajo, en tren o a pie, se convirtieron en momentos para trabajar la postura.
Para las formaciones, el profesor Beni observaba quiénes integraban el grupo
y las creaba en un instante, casi como por arte de magia.
Y estaban mis compañeros de baile, con quienes compartía una misma meta.
¡Incluso los ensayos eran todo un lujo!
Y luego, el escenario iluminado y unos artistas extraordinarios.
A aquella persona de mi clase y al profesor Beni, que me animaron aquel día:
muchísimas gracias, de corazón.
Por entonces, esperaba el siguiente recital, que sería en el mismo lugar que el primero que había visto.
Me hacía muchísima ilusión; sentía como si volviera a mis comienzos.

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