Por qué sigo aquí transmitiendo el flamenco
Una decisión sobre BG Flamenco y sobre lo que da sentido a mi trabajo.
Hace poco recibí una propuesta para explorar la posible compra de BG Flamenco Academy.
Escuché con respeto. Quise entender qué significaría, qué posibilidades de crecimiento podía ofrecer y cómo podría cambiar mi responsabilidad al frente de la academia. Me pareció importante conocer ese camino antes de decidir.
Pero antes de llegar a negociar un precio, comprendí algo: no quería continuar hacia una venta. Y así lo comuniqué.
No cuento esto para que nadie me felicite. Lo cuento porque aquella conversación me obligó a poner en palabras algo que quizá no siempre he sabido explicar: por qué, después de tantos años, sigo aquí.
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El dinero es necesario. Pero no es el motivo de todo.
Dirigir una academia significa hablar de mensualidades, organizar clases, pagar gastos y tomar decisiones que no siempre son fáciles. Esa parte de mi trabajo existe, y tengo la responsabilidad de hacerla bien. El trabajo de las maestras merece una remuneración, el estudio necesita mantenerse y yo también vivo de mi profesión.
No quiero fingir que el dinero no importa. Pero necesitar que una academia funcione económicamente no significa que el dinero sea la razón por la que existe.
Quizá, al verme hablar de precios, cursos o inscripciones, alguien haya pensado que eso es lo que me mueve. No escribo estas palabras para señalar a nadie ni para discutir con lo que otros puedan pensar. Quiero mostrar también la parte que no aparece en una tarifa: la parte que explica por qué sigo eligiendo enseñar.
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Lo que hemos construido juntos
Durante más de veinte años hemos creado espectáculos, preparado coreografías, ensayado y compartido escenarios. Hemos dedicado trabajo, tiempo y recursos a proyectos en los que creíamos, para darle al flamenco el lugar que merece y acercarlo a más personas en Japón.
Pero la historia de BG no está hecha solamente de grandes espectáculos. También está hecha de las clases de cada semana, de repetir un movimiento hasta comprenderlo, de aprender a escuchar el cante y de descubrir que bailar no consiste únicamente en recordar una coreografía, sino en encontrar una manera propia de sentir y de expresarse.
Ese camino continúa en nuestros vídeos de YouTube, en las clases online y en los materiales que preparamos para que el aprendizaje pueda seguir fuera del estudio. Incluso las nuevas herramientas y la IA que incorporamos a la organización tienen para mí ese propósito: ayudarnos a dedicar más atención a enseñar, crear y acompañar. Todo forma parte de una misma intención: conectar Andalucía y Japón a través de un flamenco vivo, profundo y humano.
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Una familia no se mide con una cifra
Mis alumnas y mis más de ocho compañeras maestras son, para mí, una familia flamenca. No porque todas tengamos que pensar igual, ni porque nadie deba quedarse para siempre. Cada persona tiene su vida, sus decisiones y su propio camino. Precisamente por eso, la confianza que compartimos tiene tanto valor.
Esta academia no la he construido yo solo. Las maestras han puesto su conocimiento, su sensibilidad y su trabajo. Las alumnas han puesto su tiempo, su esfuerzo y sus ganas de aprender. Lo que somos también les debe mucho a ellas.
Por eso, cuando digo que mis alumnas y mis maestras no se venden, estoy expresando lo que siento hacia ese vínculo. No hablo de personas que me pertenezcan. Hablo de una relación que quiero seguir cuidando personalmente y de una responsabilidad que no deseo dejar en otras manos.
Siento que mi enseñanza todavía es necesaria para algunas de mis alumnas. Que aún tengo cosas que transmitirles, preguntas que trabajar con ellas y caminos que podemos descubrir juntos. Y quiero seguir a la altura de esa confianza.
Eso no crea ninguna deuda hacia mí. Nadie tiene que agradecerme esta decisión ni demostrarme nada a cambio. La decisión de continuar es mía.
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Mi respuesta no fue una petición de más dinero
No rechacé aquella posibilidad para esperar una cantidad mayor. Tampoco pienso que quien decide vender su empresa quiera menos a su proyecto. Cada persona tiene sus circunstancias y su manera de cuidar lo que ha construido.
Yo, al mirar las mías, comprendí que quería seguir siendo responsable del rumbo de BG Flamenco. Quiero continuar enseñando, creando y tomando las decisiones que dan forma a nuestra manera de entender el flamenco.
Mi sueño de llevarlo a más lugares de Japón sigue intacto. No he renunciado a crecer. Quiero hacerlo conservando aquello que hace que este proyecto tenga sentido para nosotros.
Seguir tampoco significa cargar con todo ni trabajar sin descanso. Necesito organizarme, apoyarme en mi equipo y cuidar mi energía para poder enseñar bien durante muchos años más.
Pero hoy sé cuál es mi elección.
Estoy aquí por el flamenco y para el flamenco. Y estoy aquí para seguir compartiéndolo con quienes confían en mi enseñanza.
No necesito que esta decisión reciba un aplauso. Me basta con que ayude a comprender lo que significa para mí volver a clase, escuchar la música y seguir trabajando juntos.
BENITO GARCÍA
Imagen: BG PHOTO · creada con IA.

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