Una casa de Finlandia y un corazón japonés

Hoy he vivido una de esas tardes que se quedan guardadas en el corazón. Por primera vez, una alumna de mi academia me había invitado a su casa para pasar un rato con ella y su marido. Después de tantos años en Japón, este gesto me ha hecho especialmente feliz.
Su marido, cuando era joven, viajó de mochilero por distintos países y también visitó España. Qué alegría poder hablar de mi tierra con alguien que la conoció viajando.
Al llegar, la casa me dejó impresionado. Nunca había visto una vivienda así, con tanta madera y tanta calidez. Me contaron que el marido había importado expresamente de Finlandia pino rojo para construirla. El pino silvestre europeo (Pinus sylvestris) se utiliza en construcciones de madera nórdicas y destaca por su veta y sus tonos cálidos; no conozco, eso sí, el detalle técnico ni la identificación botánica exacta de la madera de esta casa.

Me emocionó imaginar el trabajo, la ilusión y la perseverancia que hay detrás de un sueño así. No veía solamente una casa preciosa, sino una historia de esfuerzo y una vida construida con determinación.
Nos acompañó un sol maravilloso. El patio estaba lleno de flores y plantas; había unos periquitos preciosos, azul y amarillo, y el perrito de la familia intercambiaba ladridos sin parar con Batres, como si los dos tuvieran mucho que contarse.



Antes de marcharme, mi alumna me regaló una crema de aroma muy agradable y unas uvas japonesas estupendas. Me emocionó sobre todo el gesto, la generosidad de pensar en mí.
Mis alumnas son para mí mucho más que alumnas: son una parte importante de mi vida, casi familia. Hoy no fui a enseñar pasos ni compás. Fui simplemente a compartir una tarde con personas que me abrieron su hogar. Me encantaría volver a visitarlos, no solo por la belleza de esa casa, sino por lo a gusto que estuve con ellos. Gracias de corazón.
AlitaDePollo

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